Museo Peruano. Lento y bueno
08
Sep
2008
Con motivo del cumpleaños del niño (léase, quien escribe) y gracias a un leve malentendido familiar, tuvimos oportunidad de conocer el Museo Peruano de Vitacura con Jerónimo de Alderete (que al parecer se cambiará pronto a Lo Gallo con Mar Jónico).

Pedimos pisco sour casi todos los adultos, y un piqueo caliente para compartir. Craso error.
Demora eterna. Eduardo hizo algunos pases mágicos y finalmente llegó el piqueo, con una sospechosamente alta proporción de calamar (no es para enojarse, no?), y com ocompensación por la excesiva demora del piqueo nos trajeron un pulpo al olivo sublime. Merece la pena ir al Museo Peruano por su pulpo al olivo por sí solo.
Tras el impasse, la cosa fluyó lenta, pero de lentitud aceptable.
Una facción pidió Lomo saltado. Bueno.

Estaba muy bueno el lomo salteado, si bien inferior al del Olán.
Los de la facción enemiga pedimos Tacu-tacu

Estaba bueno. La carne muy bien. Yo le hubiera puesto más plátano, y creo que me gusta más con porotos negros el Tacu tacu.
La kika pidió unos cannelloni.

Buenos pero nada para enloquecer, en mi opinión. Tenían hartos camarones.
Mi padre pidió una causa de jaiba, de la que no me robé ni un poquito, y Eduardo un arroz chaufan de filete, que tenía buena cara.
Los postres bien.
- El suspiro de limeña, bueno, diabetogénico como corresponde.
- La mazamorra morada rica. Menos dulce de lo temido.
- La torta de tres leches bien sin ser notable.
Resumiendo, bien.



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